20 noviembre 2014

Canción de la promo de telecinco

Que es bien molona.
Divertida.
Que si no sabes muy bien lo que dice, pues lees los subtítulos que para eso están.
Así cualquiera.

17 noviembre 2014

Un buen anillo de compromiso

Eso quieren todas. Un piazo de anillaco de compromiso. Cuando uno dice que se casa, la mayoría de los sujetos preguntan por el anillo. Buscan con la mirada o directamente preguntan ¿y el anillo?
Pues hay muchos anillos de compromiso, míticos como los siguientes:

El anillo de LadyDi que luego ha heredado la Catalina. Precioso. Muy bonito. Muy joya.
Anillo de LadyDi
También el anillo que todas las modernas, las bloggers y las guays quieren, que yo soy todo eso y también lo quiero ¿no? Es bien original.
Anillo Oui de Dior
También están los clásicos, no por ello menos rimbombantes, solitarios de marcas como Cartier, un anillaco. Un piazo de pedrolo.
Solitario de Cartier

Esto pues no estará de más nunca. En el cajón. 
Porque yo no soy de esas que lleven joyas, vale que es cuestión de edad. 
Como con el café o con el vino, que con los años le sacas el gusto.
De momento no le sacaría gran partido a un anillaco de estas dimensiones.
Por mucho que me hayan pedío en matrimonio, no me ha llegado el momento amor por las joyas. 
Y como soy más práctica que hurraca, pues prefiero comenzar la vida en matrimonio con solvencia para ampliar una par de horas la barra libre que gastarrse los cuartos en un joyón.
 ¡Viva el vino!
Ya habrá tiempo de sacarle el gusto a las joyas.




13 noviembre 2014

Corazòn de centollo



Me caso en febrero del pròximo año.
Exactamente en 3 meses.
En febrero. En invierno. Si si si
¡Ya pasaremos a dedicar alguno de los provinpost a tal asunto. Que gusta. Siempre gusta.
Para empezar y resumir, este corte que mi amiga Pauli me enviò nada más conocer la noticia.
Porque qué bien recibir buenas noticias. Qué bien poder dar buenas noticias. Y qué bien tener con quién compartir buenas noticias.
Y centollos.
Aunque yo sigo siendo mucho más de nécora.

10 noviembre 2014

Las extraescolares

Estaba yo leyendo un post de Anita y me he inspirado. Me han venido recuerdos, y esto es mucho, porque no me acuerdo de nada, pero de mis extraescolares si.
Si hablamos de extraescolares hay que mencionar a Renata, la que toca el piano, estudia inglés y etcétera, etcétera, etcétera.

Y con ella a mi madre. Así para mi las extraescolares con Renata y mi madre, y Valentín. Gracias a sus luchas pudimos disfrutar de variedad y calidad.
Yo estuve toa vida apuntada a inglés, al principio con Elena, con Cristinatillas, con Andrestino y siempre con la Lulos, luego también con mi vecino Fernando y con Pablo.

También nos apuntaron a cerámica, hasta que llenamos las casas de todos los familiares de botijos. Éramos de arte a lo grande. Hubo una temporada que iba a jotas, pero muy al principio.

Si el inglés nos sirvió de mucho, aunque a estas alturas más nos habría valido seguir por nuestra cuenta con el mundo idioma, otra extraescolar que nos sirvió bien fue el baloncesto.

Al principio íbamos con Arancha, así porque si, teníamos unos 7 años. Y nos escandalizábamos porque decía muchos tacos.

Con los años los tacos los decíamos nosotras con David, Toño o César. Yo era muy de cagarme en todo, porque siempre me pesó bastante el culo. Bendita paciencia la de mis entrenadores.

Esto y los ya mencionados ratos en el Cinematógrafo y en mis queridos campamentos fueron mis ratos intensos en extraescolares. Y asi no estaba dadno por saco en casa. Y de paso, pues descubrí muchas cosas, conocí muchas personas, hice muchos amigos y aprendí a ganar y a perder, partidos, amigos, verguenzas y sopapos.

06 noviembre 2014

Vetusta joven

Éramos tan jóvenes como ellos.
Mírales, qué jovencitos.


Vetusta Morla, que a algunos les suena a voz de pito, a modernos, a qué se yo qué pelusa tienen.
Vetusta nos gusta.
Pasarán a la posteridad como un grupo de estos generacionales.
De la nuestra. Es lo que nos ha tocado. Y mira qué bien.

03 noviembre 2014

Nino, guía en el Timanfaya.

Como antes de cada viaje, acostumbro a echar un vistazo más o menos intenso a los foros, especialmente a losviajeros, siempre hay algo que descubrir.

El último nos llevó hasta Lanzarote y, entre otras muchas cosas que descubrimos en esta interesante y diferente isla, conocer a Nino, el guía del Timanfaya, fue una experiencia realmente especial.

Nuestro amable grupo
  MUY RECOMENDABLE. Reservamos a través del Ministerio de Medio Ambiente una ruta guiada por el Parque Nacional del Timanfaya, la ruta Tremesana.

Tenáimos cita a las 9.30 de la mañana, nosotros éramos dos y el grupo se completaba con 8. Pasaron lista, subimos a unas furgo y nos llevaron hasta las puertas del Parque.

Comenzamos un agradable paseo entre lava y Nino, el guía, nos hizo pasar las 4 horas más agradables de los últimos tiempos.
Sus comentarios, su naturalidad, su humor, su sabiduría, su alegría, nos hizo pasar una mañana de las buenas.
Nino al ataque

Es una ruta sencilla, un paseo largo. Con unas zapatillas de deporte lo haces bien; agua y gorra.

Imprescindible esta ruta para conocer de qué va esto de los volcanes; una pasada, yo ya soy muy fan de los volcanes.

Muy interesante hacer la ruta antes de hacer la típica del autobús (guagua) que recorre las Montañas de Fuego, ves los cráteres de muy cerca y mola mucho, pero es imprescindible hacer la ruta a pie con Nino. Ideal para no entendidos, sencillo contenido e intenso conocimiento. Suficiente para descubrir los encantos, lo maravilloso y singular de Lanzarote y su peculiar geomorfología.
El mundo volcán.

En el Timanfaya pones unas pajas secas bajo tierra y prenden.
Tener la oportunidad de hacer esta ruta tan de primera mano, 8 personas, sin pagar y con esa calidad es un lujo.
Mira tu, gracias al Ministerio de Medio Ambiente, hombre. También hay otras rutas en otros parques Nacionales, así que ahora habrá que planificar otro viaje.




Un abrazo a Nino, muchas gracias, ahora, al escuchar el silencio nunca te olvidaremos y ahora vivimos con el miedo de que Yellowstone entre en erupción y el Planeta Tierra se vaya todo a tomar por el culo.
El mismísimo Yellowstone